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Primer díaInstalaron a Marcos en una pequeña oficina cerrada de cristal para que tuviera una atmósfera de tranquilidad al realizar su trabajo.
− ¡Vaya! Este sitio está muy bien – dijo Marcos cuando le enseñaron su nuevo sitio. − Sí, bueno, no está mal – le contestó un poco dudosa la chica de personal que le llevó hasta allí. Era un cubículo de cristal en medio de la gran oficina. Estaba amueblado elegantemente, madera de nogal, silla grande y cómoda, no pegaba nada con el resto de la oficina. El resto era totalmente diáfano con mesas en forma de L agrupadas de 4 en 4, con sus ordenadores, sus archivadores y cajoneras. − Bueno, pues te dejo para que trabajes tranquilo. Se sentó en su silla, colocó un poco su mesa y se paró unos instantes a mirar a su alrededor. Asombrado descubrió que todos sus compañeros le miraban curiosos y murmuraban con el de al lado. − ¿Será nuevo esto? – se preguntó a si mismo, quizás era el primero en ocupar un espacio así.
Quitando importancia a todos los pensamientos que pasaban por su cabeza se dispuso a trabajar. Encendió el ordenador, abrió el correo electrónico e imprimió el primer trabajo que le pasaron para que revisara. Según se acomodaba en la silla se ponía los cascos de su mp3, le gustaba aislarse escuchando a Beethoven. Un par de minutos después empezó a oír murmullos lejanos, levantó la cabeza y miró a su alrededor pensando que serían los compañeros de fuera, pero… nadie hablaba.
Segundo día
− ¿Qué tal te va en tu nuevo sitio? – Amablemente unos compañeros le invitaron a comer con ellos. − Bien, es un poco solitario, pero bien – Marcos era bastante tímido y tanta atención por parte de sus compañeros le abrumaba. − Mientras no acabes como el anterior – Dijo otro de los compañeros socarronamente mientras los demás le miraban con asombro. − ¿Qué? – Dijo Marcos un poco asustado – ¿Qué le pasó al anterior? − Nada, nada – contestaron todos.
Pos la tarde Marcos seguía escuchando los murmullos sin saber de donde venían. − Mira Ángel – decía uno de los compañeros a otro – ya se ha vuelto loco. Marcos deambulaba por su cubículo de cristal intentando encontrar la fuente de las voces.
Tercer día
− Hola, buenos días – Marcos tomó la decisión de que los de mantenimiento revisaran su despacho – Yo no se de donde viene, pero oigo mucho ruido. − ¿Cuándo lo escucha? – Le pregunta el empleado de mantenimiento sin mucho interés. − Pues no sé – Marcos intentaba recordar algún momento del día en el que no escuchara nada – supongo… − ¿Y por dónde? – El chico ya se suponía que era como en el caso del compañero anterior. − Eeeh, pues – Marcos veía la cara que estaba poniendo el muchacho y no le gustaba lo que estaba pensando – Mira, no sé que pasaría con el anterior, pero yo no estoy loco, ¿vale? − Yo no he dicho nada – contestó el chico. .......
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